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Revista "En Familia"

 



Hoy nada parece normal

Hoy nada parece normal

Y no lo es fundamentalmente porque al cuerpo le cuesta adatarse de forma tan rápida. Llegamos a casa después de que el P. Sixto sortera toda clase de optáculos en el Callao y en La Legua. Se nota que está acostumbrado porque a los que ya hace tiempo que pasamos por lo mismo nos cuesta creer que se pueda manejar de esa manera y sin un roce.

La noche ha sido larga, y como encima se llega aquí a las siete de la mañana, el día continúa con normalidad, para ellos, porque yo a eso de las once ya estaba muerto, aunque me he resistido a meterme en la cama para ver si esta noche puedo dormirla de un tirón.

Bueno, Sixto me dejó el carro del Padre Obispo en la puerta. Un saludo rapidito y me fui a ver a las señoras de un comedor popular donde se da de comer a unas ciento cincuenta familias diariamente Las ollas están en ebullición. La gente comienza a ir a las doce más o menos. Se han puesto muy contentas, pues alguien que me dio un donativo ya sabe parte del destino. He pasado un rato allí y después pasé por el Colegio Parroquial de Pachacamac. Estaban y en recreo y se armó una buena queriendo saludar a todos. Son conocidos del pasado.

En el CEO Virgen del Pilar los profesores esperaban después del almuerzo, que ha consistido en un cebiche y un poco de pescado con puré de papa y el correspondiente arroz blanco.

Antes había pasado por el Seminario de San José a dejar unos presentes y las felicitaciones de Navidad, pero los padres no estaban y algunos de los sacerdotes que trabajan en Lurín habían salido ya para Moyobamba. Bueno, de regreso a casa porque la verdad estoy fuera de juego, pero diré la misa con Mons. Gurruchaga a las seis y media y a la cama. Ah, no consigo que mi ordenador haga una sola conexión a internet, por eso no sé si podré enviar estas cosas.

El día no ha sido normal, aunque para mí nada es extraño porque lo he vivido mil veces. He pasado dos horas con los sacerdotes de Mallorca Misionera, y siempre es bueno compartir juntos su realidad de cada día. Los padres me han invitado a un café, otro más, y me hacen muchas preguntas sobre la realidad de la Iglesia en España, en Toledo etc. Mañana en Lima he quedado con los sacerdotes amigos canadienses.

Agripina espera a pie de obra para reconstituirme. Hace calor y ha habido un fuerte viento, que según ellos, augura temblor.

Antes de la misa intentaré bajar al pueblo para ver si puedo mandar esto.

Hoy, nada ha sido normal,