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Revista "En Familia"

 



Que Pegue

QUE PEGUE

Wilder se asoma a la ventana y me dice que escriba algo que pegue. Lo que no sabe él es el susto que me ha pegado. Su esposa Aquilina ya nos pegó el susto padre anoche con su tortilla de papa. Ciertamente parecía una raqueta de tenis y más dura que el ojo de un tuerto. Tan dura que el Obispo pidió un cuchillo jamonero para poder partirla. Ella lo justifica diciendo que sonaba la campana y el teléfono y que se tostaron, yo diría que se quemaron, las patatas. Nos la comimos ensopada en una crema sin nombre de kión. Bueno, indescriptible. Y así amanecimos esta mañana. No cuento más.

Bueno haremos algo para que el resto del día pegue.

Hoy tengo que ver al P. Gregorio en Lima y almorzar con la profesora Mirtha y su esposo Kique. Intentaré comprar algún recuerdo y regresar corriendo para la misa en Pachacamac, aunque Aquilina está empeñada en que la enseñe hacer esa tortilla de papa antes de irme hoy. Intentaré hacerlo, pero como no me salga bien será un fracaso recordado para siempre. Como dice ella, hay que hacer que pegue la papa y el huevo.

Espero que hoy sea un día tranquilo, bueno por decir algo, porque para mí el ir a Lima es un lío especialmente con el tráfico y, además, como nadie hace caso de nada hay que comportarse como ellos y cambiar la mentalidad para que haciéndolo mal te salga bien la maniobra.

Eulalio se empeña desde Mora en que compre la estola. No se me puede olvidar, pero no estoy seguro de que pueda.

Wilder se queda fumigando la chacra y yo salgo para Lima.

El P Gregorio, que es de Canadá, esperaba ya en Miraflores, en la cafetería Haití para ir a almorzar juntos y hablar un rato largo. Así ha sido, aunque yo fui antes a uno de esos mercados de artesanía para ver si compraba algo. Nada. Todo ha sido infructuoso porque yo para esto del regateo soy malísimo. Lo siento por los amigos porque no he comprado nada.

Tras el almuerzo intento regresar a toda prisa a San Fernando para darme una ducha y salir corriendo a la misa de Pachacamac. Será el último acto del día. Ignoro por qué razón hoy estoy más cansado y más “atontado” que nunca. El clima en Lima es plomizo y un tanto deprimente.

El P. Edduar y Gersón esperan que les dé una respuesta para vernos mañana. ¿Podré?. Esta noche tras la misa me esperan varios amigos que aún no he visto.

En realidad de todo cuanto he hecho hoy, lo mejor, con mucho, ha sido la misa. Sinceramente, en medio de una chacra, ya cuando atardecía, la gente llegando de todas partes, los jóvenes cantando… Se siente la presencia de Dios. Me diréis que eso ocurre en todas partes. Sí, pero no.

 


Y me he vuelto a emocionar, como en el Monte de las Bienaventuranzas, o el lago de Galilea, o la hora santa en Getsemaní… La gente tiene hambre de Dios. No importa que sea una hora o dos… Y estoy cansado. Pero, ¿cómo cansarte cuando en sus ojos brilla la luz de la esperanza y de la fe? Y para colmo, los chicos del coro, van y cantan “alma misionera”. Y son las diez de la noche, y estoy cansado, pero soy feliz.

Como al principio, no sé si pega o no todo cuanto he hecho hoy, pero lo he hecho, y he rezado y pensado en ti. Eso me sobra para estar seguro de que sí, de que tú también estás allí, y de que cada uno en su sitio y con cosas muy pequeñas se puede y se es feliz.

Y termino, y no sé si pega, pero…. Soy feliz.