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Revista "En Familia"

 



Ser cura...



Ser cura es una “profesión” sólo para quien quiere ser feliz

Carlos me mandaba un correo sobre un artículo publicado que trata de las profesiones donde las personas se sienten más felices. La primera, por el contacto con la gente, es la de cura, seguida de la de bombero. No me sorprende, la verdad. Además las dos figuran como las peor pagadas de nuestra sociedad. Es curioso, donde menos se gana y donde más feliz se es. ¿Por qué será? Pues me parece lógica la respuesta. Tender siempre la mano sin quedarte con nada a cambio y apagar un fuego para salvar una vida, es algo así como el parto de una madre. Dejas en el otro todo cuanto eres y sientes y recuperas el ser mismo y esencial de lo que es algo tan humano y tan olvidado hoy día como el darse a los demás. Por tanto, un bombero y un cura pueden decir: “de que vale tu vida, si al final la pierdes?”. Cuantas cosas hacemos que nos hacen perder el tiempo sin recuperar un ápice de vida eterna?.

Un cura.

Pienso en eso todo el día de hoy cuando hablo con los curas de aquí. Anoche, en una conversación de sinceridad, el P. Gerson me decía que acá los curas no tienen sueldo, ni seguro social, ni casi nada, y que tiene que vivir de lo que da la Parroquia, unos ciento cincuenta euros, al cambio, mensualmente. Que la Parroquia no está muy bien, y que tiene aproximadamente ochenta mil feligreses. Y el “tío” está gordo y tranquilo. Es feliz, y no piensa en ganar más o guardar algo. Piensa en vivir, ser y hacer felices a los demás.

Otra vez he llamado a los curas de Toledo esta mañana, a los que me quedaba por llamar, y no hay manera. Siempre se pone alguien al teléfono y me dice que deje recado y que va a tomar nota… pero ya se me yo cómo funciona la huaraca. Lo seguiré intentando, aunque algunos estarán mañana en Moyobamba. Pepe Zarco, Juan Carlos Arellano, etc. ya han salido.

Yo he quedado para almorzar con algunos padres peruanos, y quiero descansar un poco porque el avión para Tarapoto sale muy temprano.



Sí. Y se puede ser feliz.

Tal vez mirando las fotos os parezca que no, pero dentro de casa casa, por humilde que sea, hay toda una lección de amistad y de amor.




En cada casa que entras y a cada sitio que vas les gustaría que fuese más tiempo. Imposible.

Y sin embargo te gustaría hacer el tiempo eterno.




He pasado por Quebrada Verde, La Rinconada, la periferia…. Evidentemente no se trata de sacar fotos que den compasión, que sí que las hay y las guardo en otra carpeta, se trata de que mínimamente intuyamos un poco, sólo un poco. Y es verdad. Cada casa es una historia, diría yo que mejor un drama. Según nuestra forma de entender y ver la vida.

¿Crisis???????????????



Detrás de este cerro, a la otra parte, es donde estoy viviendo yo. Se llama Santa Anita y es uno de esos lugares que quisieron desalojar cuando yo esta aquí. Hoy ya es otra cosa.

Y, a pesar de todo, aquí sigue estando Dios.



Ya hablaremos, sí, ya hablaremos de ese tema. De la Evangelización.

Al final uno se da cuenta de que en todas partes el ser humano sufre los mismos problemas, de que no somos tan diferentes y de que la Iglesia es universal, una y preocupada en todas partes por el ser humano.



Y lo mejor de todo es que somos y nos sentimos hermanos dentro de esta institución que es mucho más que eso. Es la casa grande donde al final de la tarde puedes regresar sabiendo que no te faltará ni el pan ni el amor.

Termino como empezaba. Ser cura es maravilloso y vale la pena, aunque no sepa cómo decirlo.

Y ahora lo dejo ya. Hay que volar a Tarapoto. Eso es otra historia.