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Revista "En Familia"

 



Manteniendo el ritmo de la espera

MANTENIENDO EL RITMO DE LA ESPERA

En español se diría llegar con retraso o llegar tarde. Parece que el reloj no funciona igual en esta latitud. Las manillas se mueven más despacio y la paciencia parece arreglarlo casi todo. Es una de esas medicinas que no se encuentran en las boticas pero que está por todas partes, hasta en el aire que se respira.

Cuando uno se levanta por la mañana hay que rogar que de las cinco cosas que tendrías que hacer puedas ni tan siquiera hacer una y bien.

Esta mañana el avión ya llegaba tarde, y consecuentemente todo se retrasa. Aparentemente hoy era un día de un relativo descanso. Ya se sabe, todo más tranquilo, hacer alguna compra, respirar y relajarse para continuar la tarea mañana, pero…. Esos parámetros no miden cuando uno coge el carro y se mete por la Costa Verde y Chorrillos para intentar llegar al almuerzo con Mons. Gurruchaga, Obispo Emérito de Lurín.

Pasadas las dos de la tarde Gurruchaga estaba que trinaba, y como además mi celular no le da la gana funcionar este año aquí, todo el mundo estaba que me llamaba, preocupados por si había pasado algo. Estábamos en medio del tráfico insoportable de Lima ilocalizables.

Hasta a D. Ángel se le notaba cansado, y mira que es difícil eso en él.

También acá trabajan unos sacerdotes de Mallorca. No olvidemos que D. Braulio es el Obispo Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones. Había que dedicarles unos minutos.

Corre que te corre a Puente Lurín. Allí están las Siervas del Evangelio que D. Braulio conocía de Valladolid y donde D. Ángel conoce a Sagrario, una religiosa de San José Obrero del Polígono.

Paciencia padresito…. No tenga prisa pe

Bueno pe… pues pasiensia. Pero a este paso nos cansaremos más y no llegaremos nunca a Lima, o por lo menos, no llegaremos al Seminario de Lurín hasta pasadas dos horas y ya para entonces se hará la noche limeña y yo no veré ni torta porque todos van con las luces largas y me pongo atacao…

Aún nos quedaba que hacer las pequeñas compras de rigor. Yo disimuladamente miraba mi reloj y sabía que a ese paso nada de nada. El tráfico a esa hora es insoportable. Pero insoportable en toda la extensión de la palabra. Pues nada… a manejar a la peruana. Agárrense bien que allá vamos.

Para entonces todo el mundo nos buscaba, pero, ¿dónde?. Llamaron a la casa y Aquilina no tenía mi celular. Se les ocurrió llamar a Moyobamba, que barbaridad, a Enrique del Álamo y, bingoooooooo. Él recordaba que había escuchado que a las siete llegábamos al Seminario. Parece que habían cambiado los planes y a las seis nos esperaban en Jesús Nazareno. No es mi culpa pe.

Aún había tiempo para un café… A las siete treinta en el Seminario. No sé, pero pareciera que el reloj se había parado. Sorprendentemente habíamos ganado tiempo al tiempo. De eso se trata.

Allí, cambio de carro. Cena en Jesús Nazareno y a dormir a la Parroquia de la Sagrada Familia.

Mañana a las diez reunión con los sacerdotes toledanos, almuerzo, entrevista con Mons. Carlos, Obispo de la Diócesis de Lurín, misa, etc, etc, etc.

Y aun así, y después de los sustos de D. Ángel, por el tráfico, y las risas de D. Braulio, por la forma de manejar, hemos llegado. Hasta a mí me parece mentira.

Manteniendo el ritmo de la espera, la paciencia, que para eso estamos en Adviento, y no se me olvida que en el Perú, el tiempo es sólo eso, el tiempo.