Esto es lo que pienso

IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD

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Muchas veces me pregunto por qué las cosas están como están. Por qué se dejan así. Por qué permitimos que se llegue a tal estado de deterioro...


Muchas veces he oido decir a gente, con buena o mala intención, que “los santos no comen”. Y eso no es verdad del todo. Cierto que no se alimentan de la misma forma que nosotros, pero se mueren de inanición, sus representaciones, cuando no las cuidamos creyendo que una vez puestas en su sitio y objeto de la veneración popular ya están y permaneces así para toda la vida. Pasa como con la fe. Muchos se piensan que con estar bautizado ya es suficiente y a base de no alimentar su fe personal termina por morirse o quedarse en un estado de infantilismo permanente

Más asombroso aún me resulta que en Escalonilla este rico patrimonio haya permanecido así durante tanto tiempo. Escalonilla es un pueblo cristiano, amante de sus costumbres y tradiciones como ningún otro pueblo, y además presume de esta cualidad, entonces, ¿por qué está como está su bastísimo patrimonio? Olvidado, deteriorado, destruido, desaparecido…

Por la Parroquia han pasado ilustres sacerdotes, queridos y amados por todos los feligreses. Sus manifestaciones religiosas son siempre masivas y la devoción de sus gentes, por ejemplo a La Soledad, es profunda y aprendida desde niños.

Ciertamente la respuesta es compleja a la pregunta inicial.

Se hace indescriptible el panorama cuando intentando quitar las ropas de la imagen se observa que algunas piezas no se han quitado jamás de esa talla y están carcomidas, raídas y tan deterioradas que hoy nadie vestiría a su madre de esa manera. Algunos trozos de papel de periódico son de 1932, trozos de espuma… Es verdad, los “santos no comen”, a los santos se les reza como intercesores. Pero, sólo eso?

Soy testigo de la devoción del pueblo a esta imagen, especialmente el Jueves Santo procesional o el Viernes de Dolores. Soy testigo de multitud de personas que van al Cementerio y se pasan por allí para hacer una visita a la Virgen. Soy testigo durante el mes de mayo de ver a muchas mujeres hacer las flores por la mañana temprano. Incluso escuchar la aclamación de “Virgen de la Soledad, ruega por nosotros”.

Entonces, ¿Por qué está como está? Tal vez esto ocurre porque como en nuestra civilización estamos asistiendo al final de una cultura, de una forma de vida y de un estilo de sentir y amar. Cuando no se siente ni se ama, sabemos cuál es el final.

Alomejor hubiera sido mejor que aquél día en el que a un cura se le ocurrió meter estas tallas debajo del fogón, se hubiera realizado el deseo. Es posible que aquellos dos niños que con un carrito las llevaron de la Parroquia a la Ermita no fueran conscientes en aquel momento de estar salvando de la quema para siempre el lenguaje y la cultura de un pueblo de una tierra de unas gentes que un dia decidieron ser cristianas y poner sus vidas bajo la protección de estos Santos.

San Francisco Javier y San Francisco de Asís no merecen estar como están y además siendo dos buenas tallas del XVII que puede que estén incluso policromadas y que hablan por sí solas del espíritu de nuestro pueblo.

¿Qué hay que hacer? Permanecer indiferentes ante este fenómeno actual de la desia y la falta de interés por lo nuestro?, Hay que dejar que las cosas se mueran y que nunca más nos hablen del Cielo y de Dios como referencia artística de los que antes que nosotros así lo expresaron?, ¿Es posible que Escalonilla esté ciega y preocupada única y exclusivamente por su futuro más inmediato y personal? Perder el tiempo en foros y anonimatos es de gente poco positiva y constructiva. Ser el perro del hortelano lo sabe hacer cualquier mediocre. Trabajar, esforzarse, superarse, ayudar, construir, sufrir, conservar, amar la tierra y llorar por ella como cuando la reja entra en la besana, ha sido siempre la seña de identidad de los que siempre están dispuestos a más. Eso era Escalonilla, y aunque no nos demos cuenta, cada vez que lo olvidamos, cada vez que escuchamos a un pesimista, cada vez que hacemos acepciones, cada vez que no colaboramos económicamente con el sostenimiento económico de nuestras raíces, estas se mueren y nos van dejando raquíticos hasta morir.

Gumersindo Vivar, que apenas tenía dieciocho años y que parece estar enterrado debajo del altar de La Piedad, podría ser uno de esos jóvenes sin complejos, que pudiera enseñar a los de hoy a ser amantes eternos de la tierra que les vio nacer y bajo la que están sepultados. Toda una referencia para la juventud del Escalonilla de hoy, que a pesar de decirles tantas cosas, he invitarlos tantas veces a ser cristianos como los antepasados, parece que prefieren ponerse a lado del camino y esperar que la vida pase.

Yo, por mi parte, no haré silencio, ni esperaré a que otros diriman cosas que aparentemente son más importantes. Yo no callaré, mientras me dejen, y hablaré desde los medios que tenga a mi alcance para gritar: “Escalonilla, ¿estás? DESPIERTA, antes de que sea demasiado tarde.

Jesús López Muñoz

Párroco