Los niños misioneros

LOS NIÑOS MISIONEROS

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“Gracias, queridos niños por hacernos sentir la gozada de poder celebrar hoy la Eucaristía con vosotros. Gracias, queridos padres y madres que habéis querido traer a vuestros hijos a la Catedral en este día tan hermoso de la Infancia Misionera…”

Con estas palabras comenzaba nuestro Sr. Arzobispo la homilía de la Misa del domingo 22 de Enero, en el cual celebramos, a nivel nacional, la Jornada de la Infancia Misionera.


Como siempre, los niños nos sorprendieron y superaron las expectativas de la Delegación de Misiones. Al principio de la mañana nos parecía que serían muy pocos los que vendrían. Cuando comenzaba la Eucaristía, los bancos de la catedral se llenaban de pequeños e inquietos niños que acompañados por sus padres, y esto es lo más hermoso, nos ponían en dificultades para poderlos acoplar. Habían venido de varios sitios correspondiendo a la llamada que el Pastor había hecho unos días antes por medio del Delegado de Misiones en nuestra Diócesis. Se había invitado a todos los Colegios católicos, a las Parroquias, a los Profesores de religión y catequistas. No había tradición en esta celebración y eso hacía que se hiciera más difícil el poder coordinar la asistencia. Y los niños, ellos, los grandes misioneros, lo consiguieron.
Nos han hecho sentir que la Infancia Misionera es importante, que “no es la hermana menor del Domund” y que podemos seguir confiando en los niños de nuestra Diócesis para esta gran tarea de la Evangelización.

Los niños fueron los auténticos protagonistas. Ellos, cargados de ilusión, habían preparado la Misa. Las lecturas, las preces, el pan y el vino, y la fruta de América porque no en vano “CON LOS NIÑOS DE AMÉRICA, HABLAMOS DE JESÚS”
Nuestra Catedral se llenó de una nueva forma, que ya es antigua, de participar en el mundo de las misiones y de ofrecernos a los mayores la posibilidad de darnos cuenta de que en ellos está la esperanza y la solución.
El domingo 22 de Enero ha sido un domingo misionero por excelencia. En la misa concelebraban algunos sacerdotes con una larga experiencia de entrega desinteresada a los países de América Latina. También D. Enrique del Álamos que al día siguiente partía para Moyobamba y no había querido perderse este acto de vivencia cristiana y misionera de la Diócesis de Toledo. Entre los fieles se encontraban algunas familias de Brasil que se habían enterado de que ese día los niños de Toledo rezarían y se unían a millones de niños del Continente Americano. Incluso D. Braulio, nuestro Sr. Arzobispo, había querido estar aunque llegaba en ese momento de Brasil de una reunión con misioneros de todo el Continente. “Los niños podéis, tenéis capacidad, para convertiros en mensajeros del Evangelio y ser los misioneros toledanos de hoy, aquí y ahora… Os agradezco muchísimos que hayáis venido, que estéis aquí…y haber si el año que viene somos el triple de niños llegados de todas partes… Decídselo a vuestros compañeros de colegio y a vuestros sacerdotes…”


Por la tarde, y corriendo, nos quedaban aún 250 kilómetros misioneros. Desde Toledo a Mora, de allí a Val de Santo Domingo. En Mora se había organizado una oración misionera con sacerdotes y laicos que trabajan en la Diócesis de Lurín. Allí rezamos y expusieron sus trabajos de promoción humana y cristiana. Participaron más de cincuenta personas de la Parroquia.

En Val de Santo Domingo nos despedíamos de D. Enrique, Kike para los amigos, y de una imagen del Beato Juan Pablo II que presidirá el Seminario de Moyobamba.
Desde la Delegación de Misiones tenemos el gozo y la inmensa alegría de la Jornada vivida. Nuestra palabra es sólo, gracias desde el corazón.

                                 

 Jesús López Muñoz
            Delegado


Con estas palabras comenzaba nuestro Sr. Arzobispo la homilía de la Misa del domingo 22 de Enero, en el cual celebramos, a nivel nacional, la Jornada de la Infancia Misionera.
Como siempre, los niños nos sorprendieron y superaron las expectativas de la Delegación de Misiones. Al principio de la mañana nos parecía que serían muy pocos los que vendrían. Cuando comenzaba la Eucaristía, los bancos de la catedral se llenaban de pequeños e inquietos niños que acompañados por sus padres, y esto es lo más hermoso, nos ponían en dificultades para poderlos acoplar. Habían venido de varios sitios correspondiendo a la llamada que el Pastor había hecho unos días antes por medio del Delegado de Misiones en nuestra Diócesis. Se había invitado a todos los Colegios católicos, a las Parroquias, a los Profesores de religión y catequistas. No había tradición en esta celebración y eso hacía que se hiciera más difícil el poder coordinar la asistencia. Y los niños, ellos, los grandes misioneros, lo consiguieron.
Nos han hecho sentir que la Infancia Misionera es importante, que “no es la hermana menor del Domund” y que podemos seguir confiando en los niños de nuestra Diócesis para esta gran tarea de la Evangelización.
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