Novena al Cristo

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NOVENO DÍA

 

Todo como el primero, hasta cuncluir

con la oración siguiente:

 

¡Oh encuentro el más lastimoso que jamás hubo ni habrá entre Hijo y Madre! ¡Oh dulcísimo JESÚS, qué fiero golpe os dió el amor, presentándoos a vuestra ma­dre hecha un mar de amarguras! ¡Qué dulce­mente os despediríais de ella, y le pediríais permiso para ir a morir por los hombres! ¡Cómo se los dejaríais encargados a su amor, para que distribuídos los cuidados, Vos como Padre muriéseis por ellos y MARÍA como Madre los conservarse puros! Pero, ¡oh afligidísima Señora, esta fue la hora en que aquella Espada, que os profeti­zó el anciano Simeón traspasó vuestro pe­cho Virginal! Mirad, Señora, a vuestro Hijo. Consideradle bien, y ved cuanto creció la malicia de mis culpas, que así llegaron a desfigurarle. ¿Cómo acertaré yo, Señora, a templar vuestra agonía siendo mis pecados la causa de ella? Sí, ellos prepararon este espectáculo lastimoso. Ellos quitaron la vida a vuestro Hijo, dejándoos a Vos entre­gada a tan acervo dolor. Y con todo este conocimiento, ni siento, ni lloro, ni dejo la ocasión del pecado. Perdido soy, dulce JESÚS de mi alma, afligidísima Madre mía, si vuestro amor no vence mi tenacidad, por el acervísimo dolor que tuvísteis al encon­traros, os suplico me miréis con ojos de piedad, y no permitáis me precipite en la perdición. Antes con el favor que os pido en  esta Novena, reconozca vuestro amor y asegure el veros y adoraros eternamente en la Gloria. Amén.

 

A Gloria de Dios y de su Santísima Madre.

 

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