Novena al Cristo

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ORACIÓN

PARA EL PRIMER DÍA

 

¡Oh Benignísimo JESÚS! ¡Oh Dios de infinita paciencia! Pasmados, Señor, tiene a los Cielos, a la Tierra, a los Elementos y a las criaturas todas, la mansedumbre con que recibísteis de la torpe boca del alevoso judas el beso con que os entregó a vuestros crueles enemigos. ¡Qué es esto! ¡Hasta aquí llegó, Señor, vuestra tolerancia! ¡Hasta aquí vuesto amor al hombre! ¿No había un rayo a mano para confundir a ese alevoso que os entrega a la muerte con demostra­ciones de amigo? ¿Una vil criatura a su criador? ¿Un discípulo querido a su Maes­tro? ¡Oh hombre vil! ¡Oh fiera! ¡Oh furia! ¿No temes infame besar a Dios tan pérfida­mente? ¿Pero, por qué me indigno contra este desdichado excediéndole yo en el de­lito? ¿Cuántas veces, Señor, os vendí más torpemente que él? ¿Cuántas os alabé con los labios, siendo el corazón todo del vicio? ¿Cuántas en la confesión traté con Vos en paz, quebrantando luego mis votos y mis propósitos? ¿Cuántas con labios torpes lle­gué a recibiros en el Sacramento sin haber abandonado los deleites y pasiones que me arrastran? Yo, yo soy, Señor, el alevoso discípulo que os ha vendido. Pero también vos sois un Dios bueno, un Dios manso, un Dios benigno; y ningún empleo tan pro­pio de vuestro amor como perdonar mi necedad. No más pecar, Señor, no más in­gratitud. Sustituya desde luego a la culpa la enmienda de mi vida; al vicio el arre­pentimiento, y a la distracción una continua meditación en vuestra Pasión Sacrosanta. Y concédeme JESÚS mío, si es del agrado de vuestra Majestad, el favor que os pido en esta Novena. Amén.

 

Aquí se dice tres veces:

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri;

y luego:

Con fe viva y dolor de sus culpas, pida cada uno al dulcísimo JESÚS la merced que desea; y sea tal que ceda en gloria suya, y bien de su alma.

 

 

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