Novena al Cristo

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SEGUNDO DIA

 

Todo como el primero,

hasta concluir con la oración siguiente:

 

¡Oh Dios de infinita bondad y toleran­cia! ¡Vos perseguido como malhechor y blasfemo! ¡Vos maniatado y arrastrado por una vil canalla, que os llenó de baldones! ¡Oh estupendo sufrimiento del Omnipo­tente! ¡Oh culpa, a cuanto llegó tu malicia, pues ataste a Dios las manos! ¿De dónde, Señor, atadas vuestras divinas manos, de las que procede todo bien me vendrá el consuelo en los trabajos, el alivio en las enfermedades, el auxilio en las recaídas de mis culpas? ¡Cómo podré yo, dulcísimo JESÚS mío, romper por entre la gente ar­mada, que os conduce a la muerte y hume­decer con mis lágrimas esas crueles atadu­ras, para que se aflojen siquiera y tengáis alivio, ya que no puedo romperlas del todo! ¿Vos atado, y yo libre en las pasiones y ape­titos? ¿Vos en poder de fieras inhumanas, que os arrastran, y yo con la misma fiereza arruinando la hacienda y la honra ajena? ¡Oh perversidad! ¡Oh ingratitud del culpado para con el inocente! Alabo, Señor, vuestro amor y quisiera tener en el pecho las cria­turas todas, que más finamente os aman, para que agradecieran conmigo el exceso de amor en dejaros de aprisionar por mf. Conozco bien que mis pecados tejieron esos duros cordeles; pero si Vos me ayudáis yo desharé con penitencias lo que tejieron mis culpas. Concededme, maniatado JESÚS mío, que yo llegue a aborrecerlas digna­mente. Y si ha de conducir a este fin el favor que os pido en esta Novena (pues nunca más generoso, que cuando mania­tado) concededme este beneficio. Amén.

 

 

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