Novena al Cristo

Indice de artículos

QUINTO DÍA

 

Todo como el primero, hasta concluir

con la oración siguiente:

 

¡Oh Rey Supremo y Señor Soberano del Cielo y Tierra! No sé yo, vil criatura, ponderar bien vuestra coronación de espi­nas, y por eso no pierdo el juicio de dolor al veros en esta situación tan afligido y lle­no de oprobio. ¿Vos coronado como Rey falso y presuntuoso? Hasta aquí pudo llegar la insolencia del pecador disputándoos el poder, y tratándoos como a un hombre vil.

Pero yo aún veo que mal contenta la malicia de los judíos con que este oprobio hiriese lo más vivo de vuestro honor, hirió también lo más vivo de vuestro Cuerpo, ocasio­nándole uno de los tormentos más atroces; barrenando vuesta Cabeza con crueles es­pinas en forma de Corona. ¡Oh cabeza sa­crosanta! ¡Qué contraste formáis con la mía, en quien como en trono, reside la vanidad, la soberbia, la altivez! ¡Vos coronado de es­pinas, y yo de flores y pensamientos vanos! ¡Vos pensando en haceros fuentes de san­gre para lavar mi alma! ¡Y yo discurriendo en mancharla con ideas menos puras! No, no así, dulcísimo JESÚS mío. Tocad, Señor mi corazón con una de esas aceradas pun­tas, para que herido de vuestro amor, acabe desde hoy en mí la vanidad. Vos sabéis, Señor, cuanto puede el apetito en esta flaca criatura; pero superior en fuerzas es vues­tra Gracia. Concedédmela Señor, con la efi­cacia que necesita mi flaqueza, y con ella la merced que os pido en esta Novena, para que agradecido a vuestra Bondad ella sea el despertador de mi conocimiento. Amén.

 

 

Adjuntos:
Descargar este archivo (Novena.doc)Novena.doc[ ]582 kB
Descargar este archivo (Novena.pdf)Novena.pdf[ ]132 kB