Saluda del Parroco- Cristo 2018

 

PACO

PACO

SALUDA: A MI CRISTO Y A MI PUEBLO

Quiero dirigirme con respeto y un gran cariño a cuantos de vosotros disfrutaréis en los próximos días con las novenas y procesión de la imagen en honor al Santísimo Cristo de la Cruz a Cuestas. Me gustaría poder ayudaros a comprender el verdadero sentido de esta imagen con la que nos vamos a encontrar.

Estoy convencido que a muchos no os voy a decir nada que no sepáis de antemano, no obstante unas ideas  en estos días previos a la fiesta, y provocar así vuestra actitud y reflexión sobre cómo situaros ante lo que ven nuestros ojos.

Lo primero, ante las inquietudes que nos plantean en la calle, como me sucedió a mi el otro día “en el mercadillo” podemos preguntarnos qué son las imágenes para un católico. De entrada presentar que las imágenes son un puente entre lo que vemos y el misterio que evocan; son un signo de lo religioso, de lo espiritual, de lo sobrenatural. Es verdad que cualquier imagen material no podrá nunca expresar plenamente lo que representa; sin embargo, lo hace intuir y percibir. Una imagen puede ayudarnos a un encuentro personal con Cristo, como tantas veces sucede ante nuestro Cristo con la Cruz al acercarnos a Él.

Y precisamente la imagen de Jesús, es el icono por excelencia, pues Dios se hizo visible en Jesús. La encarnación de Dios, ha cambiado la relación entre el hombre y el Dios invisible. Podemos tener una idea de Dios por lo que hemos visto en Jesucristo. En realidad, las imágenes se pueden venerar, porque el Hijo de Dios, se hizo hombre y tuvo un corazón humano, un rostro humano. “Las demás, que representan a la Santísima Virgen y a los santos, significan a Cristo, que en ellos es glorificado” (Compendio, n. 240).

Pero para que se pueda dar un encuentro con Jesús a través de una imagen se deben dar unas condiciones. El primer requisito es que la creación de la obra debe ser cuidada con esmero,  fiel a transmitir el evangelio. Una imagen debe estar siempre al servicio de la Palabra de Dios, siendo capaz de expresar la belleza y los hechos sobresalientes de la Salvación. Como la Palabra de Dios es cercana y tangible, así una imagen es cercana y tangible. Nuestro Cristo se convierte en un catecismo no escrito, un sermón silencioso. Contemplarla no sólo nos facilita el conocimiento del misterio de la persona de Jesús, además irradia su presencia invitándonos a un encuentro, a una comunión vital.

De hecho tenéis experiencia paisanos que esta imagen nos lleva a  Él para que le podamos alcanzar con la alabanza y la súplica. Es la gloria de Dios que escucha nuestra oración. Así se siente el escalonillero ante su Cristo. Incluso en la calle uno puede encontrarse con Cristo. Cuanto más se le mira más se aviva el deseo y veneración de lo que en Él está representado para nuestra Salvación.

Pero como buenos y experimetados cristianos, lo que sí hemos de tener claro es que una imagen no se venera por ella misma, sino por lo que representa; el honor se le tributa no a la imagen sino a quien esa imagen nos acerca para que podamos conocerle, amarle e imitarle. No vivirlo así llevó en siglos pasados a parte de la iglesia a inicar una lucha contra las imágenes, pues ante ellas se vivía la idolatría y  no se amaba en sí a quien esa imagen nos acerca, sino a un trozo de madera.

Sólo una vez desvelado por la teología ese misterio de fe, se puede hacer el recorrido que va desde la imagen, pasando por el encuentro con el Hijo, acompañados por el Espíritu, hasta llegar al mismo Dios invisible. Algo así definió el concilio de Nicea del 787.

Espero que con lo que os acabo de decir tengáis criterios para conocer lo esencial sobre el valor y el sentido de nuestra imagen del Santísmo Cristo de la Cruz a Cuestas y, sobre todo, para saber cómo hemos de relacionarnos con ella.

Un fuerte abrazo y ¡felices fiestas.!

Francisco Sánchez- Brunete Chaves, Parroco de Escalonilla

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